Microrrelatos: Basura espacial 7



by ÁNGEL

Tengo muy claro cuándo un microrrelato me ha gustado. Suelen darse dos situaciones, que pueden solaparse, que indican que el micro me gustó, o me angustió, o me desconcertó… En definitiva: causaron algún tipo de estremecimiento en mí. La primera acontece cuando llego al final del relato y, sin solución de continuidad, vuelvo a leerlo. Me gustó tanto que me pregunto: ¿Dónde está el misterio? ¿Cómo combinó el autor las palabras para que lo que acabo de leer me haya sido tan jugoso, tan apasionante? ¿Qué magia extraña se esconde tras ese puñado de palabras?

La segunda tiene lugar cuando el tiempo de reflexión sobrepasa al de lectura. Si la lectura me llevó un par de minutos y el análisis de lo leído me tuvo ensimismado cinco, por ejemplo, es buena señal. Suele pasar, claro, que tras ese tiempo de meditación en el que mis neuronas revolotearon de placer en libre promiscuidad, lo releo para intentar volver a sentir el mismo goce. Me gustan los éxtasis que se reiteran en uno de manera insistente.

Acostumbro a decir que, si un libro no me ha enganchado pasadas las 100 páginas, lo abandono sin remisión, como a veces dejamos al que creíamos amigo y como tal se nos vendió (¿o es que no ha de servir para nada la madurez?). Con algunos micros que apenas pasan de las 100 palabras, no tengo indulgencia alguna. Soy así de bruto. A veces les pego una patada en la segunda línea y los hago aterrizar en mitad del barbecho de la indiferencia. Sólo espero que esto no ocurra con los dos que abajo os ofrezco. Amén.



Las otras vidas


ESE día llegaba yo tarde al trabajo y caminaba presuroso por la acera de la calle de la Acacia. Atrajo mi atención, no obstante, un hombre de negro, calvo, con bigote de mariscal, de unos cincuenta años. Esperaba muy tieso, con actitud severa, a que el semáforo se pusiese en verde para poder cruzar al otro lado. Me acerqué a él y le di un beso.
          –¿Eres tú?, me dijo.
          –¿Quién si no, mi rey?
          –¡Te he estado esperando tantos años!
          –Todo ha terminado, mi señor. Ardieron los campos de trigo. Las tropas han regresado muy mermadas, pero victoriosas.
          –¿Y la mercancía?
          –A buen recaudo, alteza. El oro y mi amor le esperan en la cabaña del bosque.
          No pudimos seguir hablando porque el semáforo había cambiado a verde y él se precipitó con impaciencia hasta el paso de peatones. Lo vi marchar con tristeza durante un par de segundos (al menos ésa fue la impresión que se deslizó hasta mis ojos en ese momento). Él no volvió la cabeza. Miré mi reloj. ¡Dios mío, ya eran menos cuarto! Corrí entonces. Perdí el sombrero, pero ¿qué importaba? Todo el mundo sabe que no hay cosa más ridícula que un hombre persiguiendo un sombrero.


Sola

CUANDO nací no había nadie en casa. Quiero decir que estaba sola, y comencé a llenar de aromas un espacio. Cuando morí, en cambio, la casa estaba llena de gente, de un bullicio ininteligible, mientras yo dormía mi agonía bajo la mano blanca, fría, de aquel hombre.


© ÁNGEL C. S.

Entradas relacionadas: Basura espacial 1; Basura espacial 2; Basura espacial 3; Basura espacial 4; Basura espacial 5; Basura espacial 6.
Autor: ÁNGEL. Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura, amante de la música rock y del buen cine.

17 febrero 2011

14 comentarios:

Lo del bigote de mariscal es buenisimo.... ¿Y lo del sombrero? ¿Guiño a? ¿De que me suena?

Sola... Sigo pensando...

Un abrazo

¿Guiño? Es invención mía (ja, ja): No se te escapa ni una ¿eeeeeh? ¡Qué sagaz!

También hay que pensar en Sola. ¡Dios mío, nunca pensé que diera para tanto! Hay datos suficientes... en las palabras...

Un abrazo.

Nunca he leído un relato sobre la soledad tan bueno como tu Micro relato my friend. La pena, es lo poco que duran jejeje.

Un abrazo!

Y dos cliks.

¿Entonces no volvió a por el sombrero? ¿Tantos tenía que le daba igual perderlo? jajajaja.

En la segunda me inclino por una flor, ¿puede ser? A adivinar el tipo no llego, jajaja.

Por cierto, si un libro no me gusta soy incapaz de llegar a las 100 páginas. Qué tenacidad.

Un saludo.

Peter: Gracias. Y bueno, es lo que tienen los micros... son cortos, pero intensos.

Dama: Ja, ja... El miedo al ridículo lleva en muchos casos a perder bienes preciados. ¿Qué ha de ser si no, una hermosa florecilla que vivió y murió sola? Muy perspicaz, amiga Dama.

Una amistoso abrazo a ambos.

Me han gustado los dos. Y por suerte no he tenido que pegarles patada alguna.

Por cierto que me sorprendió el primero ya que hallabame yo leyendo la historia con un hombre por protagonista .. hasta el beso. Bueno, aunque tampoco tendría por que ser así. No quiero parecer retrógado.

Un saludo y continua que alegras pequeños momentos.

Pues es un hombre, así que ibas encaminado... el beso fue en la cara, junto al bigote (ja, ja), un beso cordial simplemente, sin lengua ni nada. Gracias por tus amabilíiiiisimas palabras.

Se me antojan cosas bastante más ridículas, pero buen relato, master, buen relato, aunque no consigo descifrar que se esconde en su interior.

El segundo está bastante más claro, aunque nunca sabes de que manera se va a manifestar la soledad. Bueno, los que nos pasamos horas y horas trabajando solos, al final la tenemos como una buena compañera de viaje.

Un saludo.

Yo te lo digo: NADA. Es un mero entretenimiento. Te lías a poner palabras una detrás de otra y al final salen cosas así.

¿Horas solo tú? ¿Pero no me dijiste que eras revisor en el metro?

Salus, jefe Perem

¡Qué tarde llego!, lo siento mucho...

En el primero "Las dos vidas" me he bloqueado cuando he leído lo del sombrero, que aún me machaca en la cabeza, como la zanahoria.

Parece que no le conoce y luego sí, no sé por dónde van los tiros. Estaré espesándome? o habré sido siempre así de espesa? Es que no se me ocurre nada. ¡Porfa, díme algo que me aporte luz!.
El segundo, lo veo más claro. Una flor que alguien corta para regalar a su amada...

Un beso y felicidades porque llevo pensando en las dos vidas, muuuuucho rato. Ahora me voy a ver "Cisne Negro", como no me satisfaga tu explicación, vengo y te cuento el final.

Al micro "Las otras vidas" creo que NO hay que buscarle explicación. Su esencia es la extrañeza que resulta el leerlo, extrañeza que sobre todo reside en las imágenes que nuestro cerebro va generando a medida que avanzamos en el relato. Me interesa sobre todo eso: crear en la mente imágenes y relaciones nunca imaginadas; que el cerebro se bloquee, que se vuelva un poco loco, acostumbrado como está solo a lo "racional" o habitual. Extrañeza. Choque. Interrogantes. No intentes buscarle un sentido. Piensa en el cine de Lynch.

En el segundo pensé en una flor (que habla). Ya está. Sola en vida y agonizando al final, cortada, bajo la mano de un muerto.

Cisne negro me la dejé a medias. Algo extraña. Quizá debí terminarla.

Un abrazo.

El primero es flipante, como una pintura abstracta. Has argumentado muy bien lo de no buscarle explicación, ya me di cuenta mientras lo leía, por eso es tan molón.

Un abrazo, Ángel.

Ángel, me doy por satisfecha. Quizás intentaba buscar algo que no tenía... ¡Espesa, lo que de digo!.
Cisne Negro, aún tengo que digerirla. Natalie Portman, soberbia, aunque me he quedado un poco ¡chof!. Es probable que mañana recupere la luz.

A medida que te vaya conociendo (en el mundo microrrelatos), no pegaré estas patinadas.

De cualquier manera, escribes de maravilla. Y hasta ahí puedo leer.

Buenas noches.

Maribel: Palabras de aliento es lo que necesitamos todos, así que muchas gracias. Me alegro de que te gustase el micro.

Towanda: Me quedo con las ganas de saber lo que no puedes leer. Gracias por tus palabras, siempre tan reconfortantes. Es un lujazo tener lectores así de misericordiosos.

Abrazos a las dos.

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