Microrrelatos: Basura espacial (15)

by ÁNGEL
Tengo que empezar diciendo que todo escritor de microrrelatos que se precie tiene entre su producción al que considera su predilecto. Claro, esto es mejor no decirlo entre los otros y ni tan siquiera dejarlo entrever, porque todos son hijos de uno al fin y al cabo, y quien más quien menos todos tienen su corazoncito y sería inconveniente para el conjunto familiar que surgieran disputas o enfados fraternales por un quítame allá esas pajas.

Dicho esto, quiero delatar aquí mi preferencia por el relato que hoy os presento (y que esto no salga de aquí, como suele decirse). Desconozco por entero si será el mejor o no, si será el más trabajado o no, si será fruto de la inspiración frustrada o vete tú a saber qué será. Solo sé que a mí me gusta mucho. Espero que a vosotros también os guste al menos la décima parte. Con él os dejo; tratadlo bien que lo quiero ver sonriente de vuelta a casa.



Ganar la orilla

LA vida en el barrio se había vuelto de una violencia atroz, salvaje. Los muertos se iban amontonando en las aceras, mientras la crueldad se había instalado sin tregua en las calles. Nadie hacía nada. Yo, a veces, tenía que pasar al otro lado y no siempre lo conseguía. El fuego cruzado era frecuente y cualquier bala perdida, llegada desde algún hueco oscuro o desde una ventana lejana, donde algún francotirador esperaba apostado con aburrida paciencia a su presa, podía sorprenderte parado en una esquina o caminando con prudente tranquilidad arrimado a una pared. Había veces en que una flecha acerada y ungida de ponzoña, el pisotón de un elefante o la coz proterva de una pezuña te hundían en tu propia casa. ¿De qué vale la fortaleza mental cuando se sabe con inconcusa certeza que ninguno de tus enemigos tiene miedo a matarte y no les importas nada? ¿Qué camino tomar cuando, más aún, se disputan tu cuerpo para devorarlo vivo?

Pocos eran, en realidad, los que deambulaban con despreocupación, y los parques se veían casi siempre desiertos por causa del miedo y la ansiedad; pocos eran los que no portaban un arma con la que poder defenderse o matar sin piedad al extraño de mirada torva. Todos eran tus enemigos, lo mismo que tú lo eras para ellos, y no había necesidad de razonar un porqué. Al fin y al cabo, nosotros no actuábamos a nuestra entera voluntad, sino movidos como marionetas.

Tampoco es que fuésemos bandas, no; nos sentíamos algo más, un ejército que jugaba a matarse sin que valiesen soluciones intermedias. Yo tenía que cruzar aquel barrio enemigo y me lancé como otras veces a ello. Sé que no había obligación absoluta. Podía dar un rodeo que tan sólo me supondría un par de horas de retraso, pero yo, como los demás, amaba el riesgo (la muerte me importaba bien poco y las reglas eran las reglas), así que me interné decidido en el bosque, por lo más tupido e impenetrable: estaba convencido de que en esta ocasión sí me convertiría en una dama.

©ÁNGEL C. S.

Relato anterior: Basura espacial 14 (desde aquí podrás desplazarte a otras entradas relacionadas).
Autor: ÁNGEL. Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura, amante de la música rock y del buen cine.

17 mayo 2011

9 comentarios:

Como les habia dicho con anterioridad tenia pendiente esta seccion y ahora lamento haberme tardado tanto
Un relato sagaz que presagia lo que puede ocurrir en un futuro no muy lejano ,me encanto
Un abrazo muchachos !

Este está muy bien, pero a mi de tus hijos el que más me mola es el del globo.

Un saludo, Ángel!!

Hola Ángel, aquí estoy... dispuesta a patinar como tantas veces al "lanzarme a la piscina". Lo hago sin pudor porque luego en el comentario de vuelta me dará la risa (como en la famosa zanahoria).

El primer párrafo me ha hecho visualizar, salvando las distancias, el Guernika. La desolación de una batalla y los cuerpos amontonados.
En el segundo, he pensado en los soldados que van a las batallas que les imponen sus mandos, impuestas a su vez por sus gobiernos y los intereses de éstos.
En el último noté el "no aprecio" ni siquiera a la vida propia. Todo da igual porque todo está perdido de antemano...
Pero lo de me "convertiría en una dama" no lo he pillado.

Me encanta cuando hablas de tus relatos como si se tratase de miembros de tu casa. Felicitaciones por la redacción magnífica que me ha hecho colocarme en entornos diferentes a cada párrafo.

Ahora, me toca esperar jajaja.

Abrazos.

Maribel: Fíjate, a mí el del globo no es que me disguste, pero lo veo más de andar (o volar) por casa. Saludetes, artista.

Tow: Pues me encanta todo ese bamboleo (casi cinematográfico) por el que te he hecho deambular. Eres una magnífica lectora y con una imaginación del demonio (quiero decir envidiable). Pensé que lo de convertirse en dama (o reina, como quieras) desvelaba definitivamente la verdad (la esencia) del relato. Quien habla, en fin, es un p. p. (no´sé si esto te aclara algo). Jaja. Te toca mover.

Menuda pista que me has dado p.p., como no sea Mariano Rajoy o Gallardón.

Ya lo tengo:
¡Una partida de damas!...
Es una partida de damas o de ajedrez (pero lo del elefante, me vuelve a descuadrar) donde te ganan comiéndote.
Díme que he acertado ¡anda!.
Abrazos.

Adivininaste, amantísima Towanda. Se trata de una partida de ajedrez y quien habla es un p(uto) p(eón). Era una gran pista: no me imagino a los que citas en parajes tan inhóspitos, jeje (a no ser que Madrid lo sea). Lo del elefante tiene relación con el alfil, que es lo que representa. Te copio de la santa Wikipedia: "La palabra "alfil" proviente del árabe al-fil (الفيل) y al-fil proveniente del persa cuyo significado es "el elefante".
Al final me haces desvelar los misterios más ocultos de mis micros. Pero por ti lo que sea. Abrazos.

Jajajaja, ¡acerté!, ya nos vamos conociendo algo.

¡Cuántos misterios encierras en esos micros!. Lo de p.p. no lo habría pillado ni en cien años que viviese. Y sobre la simbología del alfil, tampoco la conocía. Gracias.

Un placer leerte. Ay, esa Wikipedia que os tiene a todos embrujados... Le escribí algo hace unos días, cuando puedas le echas un vistazo.

Abrazos Ángel y felicidades por lo bueno que eres en el microrrelatismo.

Luego me pasaré a leer eso que dices. Ya sabes que el premio es el de siempre, una p. z. jaja. Bueno, gracias por tus palabras, ya sabes que se agradecen muuuuuucho (el problema es que me estoy haciendo towandadicto, jaja). Un abrazote, maja.

Me despista lo del parque. Jajaja. Me ha gustado pero de no ser por Towanda, ni me entero de lo del ajedrez.

Un abrazo

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